He leído con detenimiento el texto y he extraído algunos aspectos que me gustaría resaltar.
Creo sólidamente en la propuesta que hace el autor cuando vincula directamente una buena Dirección con la calidad de la enseñanza que se imparte.
Estoy también de acuerdo en la importancia que se da a la participación de la comunidad en la dirección de los centros educativos. Ese apoyo al Consejo Escolar que tanto ha favorecido su participación y democratización de la vida de los centros educativos. Sin embargo, con la última reforma educativa, creo que hemos dado un paso atrás. Se ha aumentado el poder del Director como figura de poder en el centro educativo. Sus atribuciones y competencias se han incrementado, tiene más poder con el correspondiente incremento en su responsabilidad; ¿era necesario?. Personalmente creo que no, hemos perdido un punto importante en el que el Consejo Escolar debía ser el máximo órgano en la vida del centro. Hoy por hoy ha quedado relegado a un segundo plano en el que está como un convidado de piedra cuyas decisiones no son vinculantes y que solo tiene valor consultivo en las decisiones importantes.
En el mismo documento nos encontramos como se hace referencia a una serie de dificultades que me parecen muy ajustadas a la realidad de los centros docentes y que, a poco que tengamos un mínimo de experiencia, seremos capaces de encontrar muchas de ellas presentes en nuestros centros. Todas ellas se refieren a aspectos de la dirección escolar.
- La Dirección Escolar se percibe por la mayoría del Claustro como algo lejano. Generalmente la labor docente tiende a ser individualista. Los maestros suelen preferir estar en su aula con sus alumnos y "de ahí no me saques". Esta tendencia dificulta la incorporación a los Equipos Directivos. Esto demuestra una falta de compromiso con la propia institución. Somos poco dados a "complicarnos" la vida, ya que se percibe que la labor directiva es compleja, poco reconocida y suele tener más sinsabores.
- Ese individualismo que caracteriza al ámbito educativo ha de ser superado y debe dejar paso a la colaboración como modelo deseable. Si somos capaces de impulsar la cooperación dentro de la vida de los centros estaremos aportando mucho. Tanto a los alumnos como a la propia institución. Creo firmemente en la colaboración y el compromiso docente como eje fundamental para la mejora de todos los centros.
- Otro punto relevante tiene que ver con la complejidad de integrar todos los intereses de las personas implicadas. Ello hace esencial la existencia de habilidades sociales en los rasgos de personalidad de un buen director.
- El liderazgo se basa no en el cargo en sí, sino en la exposición demostrada del buen hacer del director en los distintos niveles: pedagógico, social y gestor. Capaz de integrar en su equipo directivo las distintas líneas ideológicas que forman parte de la vida del centro con el fin de sacar el mayor rendimiento y obtener los mejores resultados (no solo académicos) que hagan posible alcanzar los objetivos propuestos.
Pero el director no es más que una persona, y como tal tiene sus limitaciones y puntos fuertes. Por ello el liderazgo compartido me parece algo esencial. Hemos de entenderlo como ese punto de mira que ha de orientar todo lo que se hace en el centro educativo. Si cada uno tenemos una visión diferente, hacia un punto diferente, que ni si quiera hemos sido capaces de compartir, difícilmente podremos aspirar a conseguir los mismos objetivos o metas. Por eso creo que el diálogo es un punto de partida básico para que la vida de los centros mejore y tenga una mayor repercusión e implicación de toda la comunidad, partiendo de aquellos que han de dirigirlos.
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